Zibi z BabyPaki bada lupą miękkie ślady prowadzące przez pokój

BabyPaka. Episodio 1: Algo suave se acerca…

Cuando se apagó la última luz de OutletBaby y dejaron de oírse los pasos tras la puerta, todo quedó muy tranquilo entre las estanterías. Fue entonces cuando apareció sobre la alfombra algo que aquella mañana seguro que no estaba allí: la primera huella suave y esponjosa.

Después llegó una segunda. Una tercera. Y muchas más, serpenteando entre las cajas como un pequeño sendero misterioso.

Una huella que ayer no estaba allí

Zibi fue el primero en verla. Estaba comprobando si detrás de una gran caja de cartón se escondía una nueva aventura cuando descubrió en el suelo la suave silueta de una pata.

—¡Oh! —susurró, agachándose enseguida—. Las huellas siempre llevan a alguna parte.

Sacó su pequeña lupa y examinó el hallazgo. La huella era suave, delicada y no se parecía en nada a la marca de un zapato. Unos pasos más adelante lo esperaba otra y, detrás de ella, cuatro más. Cada una tenía una forma ligeramente distinta.

Una era redonda y tranquila; otra parecía de alguien que iba dando saltitos. La tercera se detenía junto a cada caja y la cuarta se dirigía hacia un rincón más oscuro. Zibi las contó dos veces. Seis huellas, seis maneras diferentes de caminar y ni un solo dueño a la vista.

Zibi de BabyPaka comienza a seguir las huellas misteriosas

Viñeta 1

«¡Las huellas siempre llevan a alguna parte!»

Cada uno ve algo diferente

Zibi siguió el sendero y pronto encontró a Momo. La monita saltó sobre una huella, dio una vuelta sobre la siguiente y, junto a la tercera, anunció:

—¡Si esto es un misterio, necesitamos una melodía misteriosa!

Tarareó bajito hasta que Eli levantó la trompa y señaló un hilo fino enganchado en el borde de una caja.

—Primero comprobemos si alguien necesita nuestra ayuda —dijo con calma la elefantita.

Guga se unió al grupo. La jirafa observó las huellas desde arriba, luego de lado y, al final, acercó la nariz casi hasta la alfombra.

—No están aquí por casualidad —advirtió—. Mirad: cada una gira en una dirección distinta, pero todas se encuentran junto a la caja más grande.

Momo de BabyPaka

«¡Convirtámoslo en un juego!»

Eli de BabyPaka

«Vamos a comprobarlo con calma.»

Guga de BabyPaka

«Miremos una vez más.»

Detrás de la caja más grande

La caja más grande daba un poco de miedo. Era más alta que Momo, más ancha que Eli y proyectaba una sombra alargada. Riko se colocó junto a sus amigos.

—Podemos empezar con un pasito —dijo el león. Él también sentía un pequeño cosquilleo en la barriga, pero sabía que ser valiente no significa no tener miedo nunca. Ser valiente es dar el paso juntos.

Entonces, desde el otro lado de la caja, llegó un suave: shh, shh, shh.

Hugo entrecerró los ojos y escuchó con atención.

—Suena blandito —decidió el hipopótamo—. Seguro que no es un dragón. Los dragones roncan mucho más fuerte antes de dormir.

Momo soltó una risita y la tensión desapareció un poco al instante.

Riko de BabyPaka

«Un pasito. Juntos.»

Hugo de BabyPaka

«Desde luego, no huele a dragón.»

Seis huellas, una Paka

Los amigos apartaron la caja. No encontraron ningún monstruo ni un paquete escondido. Allí había seis trozos de tela suave, cada uno de un color diferente. Zibi colocó el primero, Momo el segundo y Eli el tercero. Guga indicó cómo girar el siguiente, Riko acercó el quinto y Hugo puso el último justo en el centro.

Formaron un símbolo que parecía reunir seis patas en un mismo lugar.

Todos miraron sus propias patitas. Cada una era diferente. En una aparecía una Z, en la siguiente una M y después E, G, R y H. Ninguna huella contenía por sí sola toda la respuesta. Solo juntas creaban algo importante.

—Yo sé encontrar el comienzo del camino —dijo Zibi.

—¡Y yo puedo conseguir que nunca nos aburramos durante el viaje! —añadió Momo.

Eli les recordó que toda aventura necesita cuidados. Guga prometió fijarse en los detalles, Riko ayudar cuando el primer paso resultara difícil y Hugo ocuparse de que hubiera un regreso tranquilo y tiempo para descansar. De pronto comprendieron que sus diferencias no les impedían trabajar juntos. Precisamente gracias a ellas, cada uno aportaba algo necesario a la aventura.

—Creo que hemos encontrado un nombre para nuestro grupo —dijo Eli.

—¡BabyPaka! —gritó Momo, un poquito demasiado alto para la hora de descansar.

Hugo sonrió y alisó uno de los suaves trozos de tela.

—Nos queda bien. Seis personalidades diferentes, una Paka.

Viñeta 4

Seis personalidades diferentes, una Paka.

Esta es solo la primera pista

Desde ese momento decidieron actuar como un equipo. Zibi buscaría nuevos caminos. Momo les recordaría que hasta un día normal puede convertirse en un juego. Eli cuidaría de las pequeñas necesidades, Guga se fijaría en los detalles, Riko ayudaría con los primeros pasos y Hugo se aseguraría de que en cada aventura hubiera tiempo para descansar y abrazarse.

No crearon normas complicadas. Solo acordaron escucharse, no dejar nunca a nadie solo en un momento difícil y reservar siempre espacio para las preguntas, incluso las más pequeñas. Y si la respuesta no aparecía enseguida, buscarían juntos la siguiente pista.

Ya iban a volver a sus lugares cuando una hoja de otoño crujió bajo la puerta. En el reverso, alguien había dibujado un mapa diminuto.

Zibi levantó la lupa y abrió aún más los ojos.

—Esta es solo la primera pista.

Continuará…

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